lunes, 6 de junio de 2011

Ziuali, Aikati y Nitapi

En una aldea de África occidental al norte del río Limpopo, antes de que el Islam hubiese llegado a esas tierras supo haber tres brujas.
Ziuali vivía adentro de una cueva en un monte custodiada por una pantera negra.
Era la bruja mala.
La iban a ver siempre que les era necesaria una venganza.
Ziuali era capaz de conjurar poderosos maleficios contra los enemigos de quienes la consultasen.
No preguntaba nunca nada, solo a cambio de un manojo de plátanos o algún cacharro de barro desataba su poder a quien se lo pidiese y cada día tenía a alguien ansioso de venganza.

Aikati era la bruja buena.
Vivía a la orilla del río rodeada por un jardín salvaje lleno de pájaros que le avisaban si llegaban las visitas de todos los días.
Hacía unas poderosas pócimas de amor a quien quisiese.
El brebaje era llevado por un flamenco cabalgando un mono hasta la casa del ser amado que lo bebía sin pestañar producto de su encanto.
Solo pedía a cambio una piedra de color verde, pulida por el agua para adornar el sendero hasta su casa.
El sendero medía leguas de distancia, ya casi llegaba hasta el Nilo y era una de las rutas mas transitadas de toda África.

Nitapi era la tercer bruja.
Vivía arriba de un baobab altísimo en donde apoyo su casa, como mascota y compañía tenía un elefante blanco que la ayudaba con las tareas de la casa y juntaba en la selva frutos para su sustento.
Era la bruja justa.
Los que la consultaban no obtenían ni bien ni mal, conseguían justicia.
Justicia justa, sin mirar a quien le recaía la justicia.
Tomaba su palo mágico, lo agitaba por el aire y pronunciaba unas palabras invocadoras de justicia, nadie que las haya oído pudo recordarlas después por un hechizo que la propia Nitapi había puesto para protejerlas del mal uso.
Por sus servicios pedía lo que quisieran darle. Podía ser una lombriz para pescar, o un tesoro o nada.
A Nitapi nunca nadie le pedía nada. Se pasaba todo el día todos los días mirando desde su árbol a la espera de algún cliente y a pesar de su bajo precio nadie iba a verla.
Por suerte Nitapi tenía su elefante.

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